EL CLASIFICADOR DE MILONGUERIDAD DEL PROFESOR RABANDO – Una entrevista de Henry Sacmer

EL CLASIFICADOR DE MILONGUERIDAD DEL PROFESOR RABANDO – Una entrevista de Henry Sacmer

Suena el teléfono en la oscura redacción de Lusiardo Tango.Club. Puan Hiriart, el invisible jefe del loquero periodístico compartido con la peluquería, coiffeurs y complementos del profesor Maradona insiste en detalles de periódico gráfico: Teletipos, fax, un teléfono de disco con candado y el periodista de guardia que siempre soy yo. Al sonar el aparato hace salta mi placa identificadora con mi nuevo nombre: Henry Sacmer. Descuelgo.

-No. Te digo que no. No mamá. Me he comido toda la vida las bromas de los demás por culpa del abuelo que se anotó como Sacamerdi al bajar del barco. No. Es irrevocable, ahora soy Sacmer.
Me cuelga llorando. Un segundo después vuelve a sonar el teléfono. Pensé que era mi padre, amenazando con desheredarme. En su lugar  la metálica voz de Hiriarte dice:  “Tiene que entrevistar a un coso que invento algo para el bien de la milongueridad. El profesor Rabando lo espera en el Bar-café argentino Masita Fina a las diez. No falte” Son las nueve y media. Identifico por el goomaps el lugar constatando que tardare en llegar 25 minutos en el triciclo eléctrico que me destinaron por transporte.
A veces pienso que hacen lo posible para echarme y darle mi trabajo a algún becario.
El triciclo se  queda sin batería cinco calles antes de llegar así que pedaleo. Llego sin hálito a las 10.01 soltando el triciclo al lado del tipo mas estrafalario, que sin duda es mi entrevistado y observo el lugar.
El Bar-café argentino Masita fina tiene mesas de chapas.  Cuando algún cliente llega se sienta al lado de un soporte circular y depende de lo que pida le traen la mesa asadera de verdad, recién sacada del horno panadero con la vianda en forma de croissants, medialunas o pasteles encima de papel de horno. Las tazas y pocillos son jarros esmaltados y no falta el exiliado  chauvinista que se pida mate y pava para acompañar las tortas negras o los cañoncitos de dulce de leche espolvoreando a sus vecinos con azúcar glace. Espero que esta nueva forma de resaltar la frescura del producto no se ponga de moda o andaremos con las manos pegoteadas por pasteles ajenos. Pido un jarro de mate cosido con un chorro de leche tipo espuma y observo a quien sera mi interlocutor.
El profesor Rabando tiene en su mesa asadera un familiar de matambre en pan galleta criolla y un vaso de vino con soda, los pelos alborotados con  migas y una corbata mantel desplegable que pronto estará llena de almíbar. Lleva un parche  plástico color naranja con un cristal fino en verde. “Industrias Rabando” se lee en el costado. No me da tiempo a preguntar.
Parece ansioso por mostrarme su sabiduría.
– Si. Este es el prototipo para calle de mi grandioso invento – dice con los ojos brillantes de emoción.
– Disculpe mi ignorancia  como diría George Borges Bernard Show, pero apenas he tenido tiempo de pedalear hasta aquí sin despeinarme y no tengo un aplicación que me descargue la información directamente al cerebro. Mi jefe dice que invento algo para beneficio de la milongueridad. Ilustreme.
– En resumen es un Pendorcho clasificador de milongueridad, adecuado para llevar a cualquier milonga y así ahorrarse malos tragos, maltratos, desaires y forcejeos.
– Ah. Y es eso que usted lleva.
-Esta es la versión simple para llevar en horas no milongueras. El pendorcho original tiene la forma de gafas del tipo Plastic-Man o si me apura Ultra-siete cuando le estaban dando pal pelo y se ponía las gafas para invocar a su dinosaurio. Aunque estoy pensando en adoptar esta forma monóculo, así es mas fácil de llevar en las milongas. Por supuesto del lado opuesto al cachete compartido si tenemos el abrazo cerrado.
– Veo que usted es milonguero-milonguero. No como otras personas a las que me ha tocado entrevistar y que se ponen la capa del tango  para hacer negocios. Pero dígame como funciona su invento?
– Tiene un clasificador de milongueridad incorporado y cargado a un microprocesador que despliega en el cristal-pantalla el tipo de milongueridad   con solo detectarlo.
– Como los ojitos de Terminator?
– No se quien es ese. Yo  diría mejor como el ojo bionico del hombre Nuclear, también conocido como el hombre de un millón de dolares.
– Y entonces?
– Mi clasificador discrimina por el movimiento, el tipo de abrazo, la postura, el vestuario, la fragancia, el olor corporal y las actitudes. Basándose en un nomenclador propio es capaz incluso de recomendar las mejores combinaciones o los más adecuados cruces entre los presentes y el portador del pendorcho.
– O sea que clasifica entre buen bailarín, mal bailarín, bailarín medio y bailarín adecuado para usted según sea su nivel?
-No. Eso es grado de aptitud del bailarín, pero no necesariamente de milongueridad. Como tantos negadores de la genialidad usted hace una simplificación burda de mi ingenio. Mi nomenclador Flipper va mucho más allá.
-Nomenclador Flipper?
-Si Como verá soy un fanático de viejas series de televisión en blanco y negro. Le puse Flipper en honor al delfín de la serie y porque suelo bailar a los saltos. Una concesión a mi  radiosa mente.
Total normalidad. Otro de esos chiflados retro con locura acumulada.
– Y dice que su clasificador puede discriminar según como se mueve alguien en la pista o aledaños y sugerir con quien le conviene bailar?
-Si. No es genial? Detecta el grado de milongueridad compatible con el suyo y también el mas conveniente en función de su estado físico y de animo para bailar tal o cual orquesta. Y le aconseja que pareja le permitirá desplegar toda su potencial en la tanda que comienza.
– O sea que este tipo de clasificación Lombrosiana permitirá optimizar los bailes y las tandas corrigiendo por afinidad las diferencias y maximizando el placer en la milonga?
Se le cae como un hilo de baba. El mismo que parece gotear de sus ojos.
-Si… Cuando mi invento se haga popular seré reconocido como el hombre que salvo la milonga del fracaso.
–  Pero como funciona su clasificador para sugerirle pareja? Es necesario que baile algún tanguito para que pueda especificar que clase de bailarín o milongueridad tiene?
– No entiendo lo que dice.
-Si. No tiene una primera función que establezca la categoría de baile del que lo usa basándose en su baile de primeras tandas? Porque si conecta  el artilugio en su casa, bailando solo también tendrá una apreciación errónea o imprecisa de su milongueridad. Me imagino.
Hay un silencio incomodo solo interrumpido por un hambriento que tira la bandeja-asadera por no esperar a que se enfríe la pastafrolla.
– Eh. No…Comprenda que mis gafas clasificadoras prestan un servicio. Yo en todo momento tuve presente las frustraciones del milonguero, su pesar cuando no le sale un paso.  Quise evitar crisis personales. En la configuración de fabrica  las gafas lo sitúan por defecto como un milonguero capaz y solvente.
– Me esta diciendo que las gafas lo juzgan a priori como un milonguero bueno sin haberlo visto bailar?
– No les hace falta. Para que? Usted sabe que los que bailan tienen un alto concepto de si mismos. Si no no habría tantos profesores espontáneos.
– En eso lleva algo de razón.
 – Aparte en la percepción personal de milongueridad uno siempre es el mejor. Si uno no se siente el mejor para que va a la pista? Mis gafas son un placebo útil para curar la baja estima.
– O la falta de clases y la pedantería. Y no piensa que eso es un inconveniente a la hora de sugerirle parejas?
– Inconveniente por que? El software inteligente detecta en muy poco tiempo su pareja ideal.
– Cuanto es muy poco tiempo?
– 17 segundos.  Infalible.
– Y si las cabeceen antes?
– Bueno usted también! Es un pendorcho para facilitarle las cosas milongueras no para solucionarle la vida. Me esta poniendo nervioso!
– Usted disculpe. Pasemos a otro tema. Dice que su clasificador tiene muchas categorías. Podría especificar esas categorías?
– Hombres de poca fe. Tenemos por ejemplo al Milonguero Wilbur,  así llamado por el dueño de Mister Ed, el caballo que habla.  El Wilbur es un bailarín dotado para molestar en todo tipo de milongas incluidas en la categoría “Dimensión desconocida” un escalafón por debajo del milonguero “Rin Tin Tin”   y por encima del “Increíble Hulk”. Cuando la milonga esta bien de gente y la partición entre hombres y mujeres es la justa, un Wilbur baila un promedio de cuatro o cinco tandas y si hay Morticias – su equivalente femenino – el Wilbur es aceptado y baila bien. En una milonga  “Bonanza” con mayor afluencia de mujeres que de hombres, en la que además hay muy pocos o casi ningún milonguero Hombre Nuclear  y un Joe90 (por cache, lo que es además muy raro ) con bastantes milongueras Lassie, el Wilbur sobresale. Ahora  si la cantidad de milongueras Luciles Balls es mucha, el pobre Wilbur queda relegado a la barra y a la confidencia en mesa, junto a otro Wilbur, En ese caso hasta las chicas Morticias  prefieren Sachwatchs o  bailar entre ellas a ser pisoteadas o maltratadas por los pasos bruscos de los Wilbur. Menos mal que siempre hay milongueras “Laura Ingals”

– No quiero parecer presuntuoso o engreído, pero su invento ademas discrimina por edades. La milongueridad joven no entenderá un corno de su clasificador. Su target o quien pueda comprar su invento tendría que tener mínimo 45 años para usarlo. 

– Pero no es esa la edad para gastarse el dinero en mejorar su vida? Entienda que el pibe joven no va a gastar un céntimo  en mi pendorcho. Prefiere gastárselo en vino barato, cerveza,  drogas o Dios nos libre Internet.  Pero comprendo que a los ojos profanos exista cierta dificultad con un invento tan sofisticado en las milongas modernas.  Para el que no es milonguero curtido se necesitan claves. Suerte que aparte de inventor soy una lumbrera en el mundo del marketing.  Si mi invento se populariza planeo vender un pack de gafas, monóculo y mi libro recién editado por editorial El Croto “Mis series preferidas de los años del blanco y negro” como manual de uso.

– Perdone. No sera mejor adaptar el clasificador a la milonga actual con categorías mas modernas?

– Eh. No. A mi me gusta así

-No grite. por favor.

– Que quiere que le ponga Chabon, reguetero, perrorista, tanguiflauta, miloojotials  y todas esas aberraciones linguisticas? Yo no soy sociólogo ni spicologo. Soy un genio.

Hay otro silencio incomodo. Estoy sentado con un demente que por añadidura es cabezón. Spicologo?

-Entonces, basándome en lo que yo recuerdo de las series un Wilbur seria un tipo con milongueridad medio mala, un Rin Tin Tin un bailarín creído y un poco oloroso El increible Hulk un …  lo siento, me perdí.

-No, No. No. Estoy rodeado de ImbécilesDame fuerzas Mein Fiu!!!!!!!

– CálmeseCálmese. Coma un vigilante.

– Yo no voy a rehacer el software de un  invento  tan avanzado solo porque el primer periodista que  venga no lo entienda. Yo soy un sabio. Si los otros no lo entienden así es su problema. 

– Hágame caso. Póngale nombres simples: Maleta, Mamerto, Muy-Muy. Trompito facherin,  Viejo choto, Vieja piola. Uuupa, 5000cache,Tremender, Torneo mundial, Geraldine. Dios del Tango.  Cromo roto. Sin meniscos. Sin cara. paracaidista.  Por decirle algo.

El profesor Rabando me tira el monóculo  y se pone a gritar.

-. Yo no voy a soportar esta indignidad. Soy un profesional! Apache! Manolito Montoya!

Antes que pueda hacer algo el tipo se sube a mi triciclo que milagrosamente arranca y se va lanzando escupitajos en la vía publica.

Para ser mi primera nota firmada como Sacmer es un exito.  Mi detector de farsantes ha funcionado. Y sin pilas.

En la pantalla del monóculo figura aun mi clasificación. Lo piso por cualquier cosa.

Me termino el familiar de matambre manchado con dulce y pido una Caña Legui en vaso ancho.

Lastima el triciclo.

Que pesado es el pasado!

Mi profesion de fe es la escritura y la erudicion que dan las horas bien vividas. Leo mucho, escribo mucho, bailo mucho. hace mucho tiempo estudie ciencias de la comunicacion, leí hasta siete libros en una semana, vi muchas peliculas y leí mucho comic. Allende el mar aprendi a bailar y a estar en las milongas. Hoy, corregido y aumentado, vuelco lo que se en este humilde blog. Y lo que no se, lo recreo para que se diviertan aquellos a los que el dia dejó de lado.

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