EL QUE ENROLLABA INVIERNOS EN EL BOLSILLO – Por Catulo Bernal

EL QUE ENROLLABA INVIERNOS EN EL BOLSILLO – Por Catulo Bernal

Llegó “al Oriental” casi con el ultimo tren de la milongueridad turística, cuando apenas quedaban pacs de tango con el emblema del C.I.M.  lamentables bolsitas donde se asfixiaban el choripan recocido, almanaques con postales de milongueros que ya no vienen más y un llavero con zapatos masculinos o femeninos con el insidioso logo del consorcio y el nombre de la milonga apenas sugerido. Cuando se iban los últimos toxi-tangos dejando al borde de la pista su mugre de tarjetas y negocios. Cuando comenzaban los combates en serio en el ring de los “Titanes de la milonga” y los demonios se soltaban por fin, sacudiéndose el almíbar de la pose en épicos contrapuntos de madurez y maña afrontando a la orquesta enlatada con la ventaja de mil tandas repetidas. Traspiraba frío, el  pantalón mojado en los bajos por la lluvia y la inclemencia viniendo a secarse en el calor del micro clima entre el terraplén, bosque y sanja. Con los zapatos de bailar puestos, para ablandarlos pisando las calles. Acostumbrado a zapatillas, sin bolsa, ni firulete, de esos que han deambulado por la periferia de  los bailongos sintiendose comodos en todos pero sin quedarse en ninguno. Fue derecho al derredor de  la barra estandar donde se mueven los sociólogos del comentario, los sibaritas del vino de rebajas, los que en invierno se ponen abajo de la reglamentaria camisa milonguera los negros estandartes de festivales veraniegos  por si hay que volverse un poco loco o romántico en plan desprolijo. Donde van  los milongueros mercenarios que bailan Pugliese, rock y cumbia y todo bailan igual. Ya tendría tiempo de pasar por la barra parrillera, con su folklore de desdichas y sus mito lógias pletóricas de símbolos pegotes. Se regodeo en la feria de zapatos salidos recién del horno y con la marca roja  de la navidad en el cromo. Pidió una cerveza artesana “Porteñito(r)” macerada en la misma olla donde se cocieron lentejas memorables. Pidió otra. Cabeceo  a una beldad oriental – pero de la banda y no del continente – y ahí salieron los dos a Donatear cerca del poste central donde las pantallas cuadroramicas pasaban “Fermin” en versión Turca con mas intensidad que la de Alterio y el molesto cartel de tanda y tren rebajando emoción. Al elevar los brazos al abrazo, la chaqueta subió mas arriba de los bolsillos traseros del vaquero revelando dos bultos cilíndricos. “Volvió el criollo de avería con el puñal de sisa en el vaquero” dijo Ricardo “Tumbale” un anónimo elemento que es como la Sagrada Familia, en años,  abrazo helicoide y  claroscuros.  No le vimos edad para esos trances. Hace tiempo que los bailantes no clavan los cuchillos debajo de las mesas. Ahora con suerte se apuñalan a comentarios en las redes sociales o se ganchean en Darienzos sangrientos. La distancia mas corta entre dos puntos es una recta. Karina que bailaba con el, haciendo eco del mudo interrogante le pregunto directamente que llevaba. Pablo, que así se llama el milonguero, miro a lontananza, sonrió, movió sus ojos hacia su realidad interior y luego de un segundo contesto: “Tengo todo el invierno en el bolsillo” Anote por costumbre la frase en la tablet para el archivo de sugestiones y dije al corro de los muchachos Lusiardianos que por los excesos compartian conmigo solo la mini picada de cinco platos con cabernet y sin achuras ni pan.

– Fijense. En su aparente juventud este hombre ya tiene en el bolsillo la experiencia de muchos desengaños, ha buscado el cariño en el abrazo, como quien busca el fuego en medio de la nada, se ha calentado en el. Ha visto los espectros saltar entre las ascuas y al morir el resplandor ha juntado las brasas del espíritu caldeado. Y como nuestros hermanos los aborígenes lo ha guardado en el hueco del cuerno, sellándolo con estopa para afrontar la larga marcha y poder reproducir ese calor de la fogata en las milongas que no tienen alma.

Romulo Papaguachi que  salio de su refugio para brindar por las fiestas comento – Ese muchacho esta en manos de malos profesores y tiene un rollito con las secuencias y los pasos que corresponden a cada orquesta bien anotados para no olvidarse.

El filosofo Diogenes Pelandrun casi eructo su pensamiento –   Normalmente la belleza impacta. Y te deja descolocado unos diez segundos. Siempre hay que tener  recursos en el bolsillo para responder a las mujeres, que son más inteligentes. Es de sabio llevar un buen disco externo para reducir lo que yo llamo “el lapso de tontería”

– Que viene a ser?

– Lo que es. El intervalo mínimo adecuado para catalogar a un tipo como genial, interesante, normal o innecesario.

– Hay medida para ese lapso? –  quiso saber Piton Pipeta, que es un teórico de la inteligencia.

– No. No. Depende de cada cual –  Pelandrun tomaba el cava con un hielo alternando con chupetines antiácidos –  El bobo normal intenta salir del paso con graciosidades espontáneas. Se entierra bajo sus chistes malos y pasa la vida así.

–  Pero si viene con el ayuda memoria y la frase hecha puede que se embarre más.

– Un tipo sabio vendrá con las palabras guardadas en el pecho y la emoción de la locura cabalgandole en las sienes. Estará listo para el verso desesperado y…

– Y por ahí con tanto despliegue se le escapa el romance como siempre Catulo. No. El tipo sabio escucha. Habla lo justo. Y actúa en consecuencia.

– Pero entonces que es el disco externo?

– Un bolsillo lleno de secretos.

– Ah. Entiendo – dije sintiéndome hermanado casi con el filosofo – Caramelos de leche. Dos hojas con garabatos prensando otra hoja, pero seca. La foto del abuelo. La entrada de una pelicula. Un boleto de colectivo casi capicúa. La llave de un bunker. Y un pañuelo envolviendo una pastilla de jabon con la cara de un ángel. Algo así Pelandrun?

–  El bolsillo lleno de secretos es lo que usted quiere que sea. Lo que importa es que le sirva, Catulo. – – Pues a mi me parece que tiene un kit obligatorio de supervivencia en el bolsillo. – Piton Pipeta jugaba desganado con la mayonesa y un trozo seco de chorizo –  A saber: un bocadillo en papel aluminio, una linterna y una toalla.

– Una toalla?

-S.i. Lo lei en “La guia del autoestopista galactico”. Por las dudas siempre hay que llevar una toalla. Aparte  de seguir las cosas como están pronto habrá un apocalipsis de milongueros zombis. Y hay que estar preparado.

Termino la tanda. Los bailantes se restituyeron a la periferia de la barra, a resguardo del fuego enemigo. El Fermin Turco y el Ciempiés se re-encontraban sobre un cartel que anunciaba “Se vienen las milongas de Raciatti.”

Me fui al baño tuneado con las caras de los grandes. El espejo metido en la sonrisa de Gardel me devolvió la mirada. Mientras me secaba las manos con un papel extraído del bandoneon de Troilo lo Vi a Pablo que sacaba del bolsillo un rollito y cortando un poco de papel procedía a sonarse los mocos.

-Si tengo que salir con pañuelos con este resfrío estoy frito. – dijo.

Pensé en las interpretaciones, en las palabras, en las fabulaciones. En las costuras del mundo que apuntalamos con la aguja platoniana que nos facilita el cerebro.

El otro bolsillo abultaba menos. Quizá llevaba  los poemas escritos en apretada letra.

O por ahí otro rollo de papel higiénico de repuesto.

Mi profesion de fe es la escritura y la erudicion que dan las horas bien vividas. Leo mucho, escribo mucho, bailo mucho. hace mucho tiempo estudie ciencias de la comunicacion, leí hasta siete libros en una semana, vi muchas peliculas y leí mucho comic. Allende el mar aprendi a bailar y a estar en las milongas. Hoy, corregido y aumentado, vuelco lo que se en este humilde blog. Y lo que no se, lo recreo para que se diviertan aquellos a los que el dia dejó de lado.

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