GENTE RARA DE LA MILONGA – Por Plutarco Guzmann

GENTE RARA DE LA MILONGA – Por Plutarco Guzmann

COMO LOS BAILARINES QUE BAILAN BIEN, SON GENEROSOS EN EL ABRAZO Y HUMILDES EN LAS TANDAS PRESENTAMOS ALGUNOS OTROS RAROS, RAROS, RAROS.

ALPACA VILL

Venia muy pìnton con su traje de alpaca hecho a medida. Sus zapatos rojo cereza casi charolados, con un lustre en el que no había ni una mota de polvo. Con su camisa de hilo blanco tejida por esforzados artesanos. Con su corbata de seda a tono con la chaqueta y el pañuelo fantasía, en estampado y lino con reminiscencias Biaggianas. Con sus tiradores negros de cuatro botones y en similar diseño a los gemelos de marfil con la partitura de “El Porteñito” trazada con alfiler. Con su sombrero requintado hecho de fieltro y acabado en pluma azul de avutarda. Con su sonrisa sin fisuras blanqueada a bicarbonato con la camaradería del falso publicista. Con su peinado trazado por un escultor de gomina y su afeitado de barbería sin irritaciones. Con su fragancia exótica personalizada por alquimistas en paro.  Con sus zapatos de bailar hechos a medida, en una bolsa fileteada por un pintor al que le había pagado con sanguches y desprecio.

Con su invulnerable soberbia a toda prueba y su necesidad de sentirse un milonguero nato.

Bailaba mal  y abrazaba con la misma codicia con que según el “le hacia el amor” al universo.

Alpaca Vill le decían. El universo estaba un poco cansado de sus modos y le mandaba en contra a sus ejecutores, encarnados en muchachos glotones y adrede despistados que siempre le manchaban el traje con la grasa de choripanes extra milongueros.

KUNFU CANARO

Se rapaba el cráneo para llevarlo a juego con el traje Mao, la bolsa con libros de meditación en bandolera y los ojos mirando siempre un horizonte de ensoñación.  Tenia un estilo de bailar que apenas podía definirse como baile, pues más bien era un proyecto,  una presencia inamovible que trataba de ganar espacio sin espacio y hacer el paso sin hacerlo. Nunca se lo vio pedir una cerveza. Ni un vino. Ni las futilidades de la empanada o la pastafrola. Bebía en una cantimplora hecha de pellejo de cabra  y bambú. Agua de manantial con unas gotas de lima. Picaba semillas de amaranto como quien se hincha a papas fritas. Aplomado en su  liviandad soltaba en cualquier mesa a la que llegaba para reposar sus pies descalzos frases filosóficas como: “El cielo esta reflejando la suciedad de la ronda y caerá pudor dentro de poco”  o “Me muevo en la fantasía del movimiento, sin saber si ya estuve ahí y estoy repitiendo un esquema que gira como una mosca en el sueño del que no duerme o solo soy una pieza de la divinidad, errando al borde del dedo que me apunta”

Bailaba solo Canaro. Pisoteando de mas y sin pivotar.

LA HIJA DE LA COREOGRAFIA

(Gisela Gante – 23.45 . Milonga Patoruso . despues de la exhibicion)

“Cuando era niña y mis padres bailarines siempre estaban ausentes, un abuelo que tuve me hablaba entusiasmado de las islas Kuriles y me las dibujaba como si hubiera nacido allí. En mi ignorancia imaginaba que las islas habían sido calzadas en el mar de esa manera para que un extravagante ser inmenso pudiera ir desde Japón a Rusia sin tener que mostrar su pasaporte. Entonces dibujaba un gigante algo cuadrado con un pie en cada isla y un papel escrito en los dientes. Pero los grandes no me comprendían. Cuando le mostraba el dibujo a mis padres decían: que lindo Gisela!. Y hablando entre ellos comentaban: “Mira lo que hizo la nena, es ese que se sacó el titulo de milonguero de treinta horas con el diploma en la boca y va pisando en los papelitos los pasos que le enseñaron, para no perderse”.

Yo odiaba el tango. El tango me alejaba de su cariño. Me confinaba a la soledad, a los regalos comprados en los free shops del aeropuerto y el amor a deshoras. Podia decirselos de mil maneras, pero solo se me ocurria gritarles : “Esto no tiene nada que ver con el tango!”

Y mientras lloraba ellos se echaban a reir y viendo otra vez el dibujo me daban la razón.

INANA

( Moncho Alduba. 2.55 A.M. – Milonga Sacha)

-Mirala vos a esa – me comentaba el cabezon Garrapate desde la barra de la milonga Chancleter Chancleta – La saque a bailar y me dijo que era un imberbe,  que ella ya estaba aquí cuando el mundo era joven. Que es una diosa sumeria y no se que disparate mas. Mentirosa. Mira si siendo tan vieja me lo iba a decir a mi, que soy un pobre tipo, un mediocre, que baila como un mediocre. Mira si me lo iba a decir.”

Mire al cabezón. Conociéndolo supe que era una excusa, extraña e imaginativa, pero entendible. Hay que bailar con el Cabezón. Soportar sus repentinos espasmos antitroilicos. No obstante, la mujer que señalaba parecía de a ratos  una de esas bellezas capaces de volver loco a un hombre simple y en otros una señora anodina. Esta curiosa antítesis se resumía en un todo  inexpresable, como si cada movimiento estuviera repeliendo el tiempo. Como si cada miembro y sentido implicados en la tarea lo supieran. Como si permanecer en ese abrazo rejuveneciera al compañero. Y le quitara vitalidad luego. Creo que en ese momento me miro y adivine o quise ver un ínfimo guiño en unos ojos que me parecieron inmensamente viejos y vivos. Decidí que tenia que bailar con aquella mujer. Y luego, consumidas tres copas de vino, supe que era mejor no hacerlo. Si era inmortal mi conversación o mis versos le parecerían tediosos. Si era una loca delirante o una de esas criaturas aburridas que viven inventando historias para divertirse me iba a llevar una decepción.

Esa noche soñé con sus ojos y no supe si había hecho bien”

EL INSISTENTE

No lo amedrentaban las negaciones. Podía cabecear como un idiota hasta seis veces una misma mujer, desde distintos ángulos y posiciones, sin desmayar. En todos los aspectos de su cretinidad era uniforme. Hasta que no bailaban con el no cejaba. Hasta que no lo invitaban a un vino o un fernet no dejaba de atosigar a su interlocutor. Hasta que no hacia correctamente el paso que le habían enseñado en la clase, tal y como se lo habían enseñado y aunque debiera hacerlo veinte veces estorbando la ronda no aflojaba en su cerrada terquedad. Hasta que no lo sopapeaban por lo menos cinco veces no paraba de levantarse obstinado del suelo, con su inútil resolucion de devolver el golpe.

Un masoquista.

LA ENVIDIOSA INGENUA

Jacinta Puchamiuasca – Milonga el remache 1.56 A.M )

“Cuando llega a la milonga parece que todos los muchachos que estan bailando hagan un silencio, y las mujeres con las que bailan sean en ese silencio una nota estridente. Baila con tres o cuatro tremendos bailarines con un abrazo gelido, distante e incomprensible. Ellos parecen llevarla como quien llevaria la delicada estatuilla de alabastro de una venus. Y acaso eso sea lo que quieren. Es tan perfecta que da miedo. Y los tres o cuatro que aspiraron su fragancia quedan quizá más frustrados que el insigne monton indistinguible de mediocres desesperados. Cuando se va, la congoja se potencia y los muchachos aquejados de ausencia se arrastran como perros huerfanos en las tandas, sin apreciar el contacto calido de nuestras bellezas comunes. Sinceramente no se para que viene esa piba a la milonga. Para ser inalcanzable, eterea, deseada e inaccesible mas le valiera quedarse en su casa y dejarnos a nosotras las emociones  de las mujeres de verdad, que no andan por ahi creyendo que son sueños, obsesión y deseo de palurdos embobados”

XURIQUEN

El pelado Xuriquen animaba las milongas con sus chistes malos. Aunque sonara Di Sarli, aunque Pugliese desgarrara el tejido sentimental de la noche. Aunque algún dijey poco avispado pusiera la interpretación de Gardel de “La cieguita”. Cuando bailaba dejaba deslizar alguna parrafada que quería ser graciosa. Cuando no bailaba se metía en medio de potenciales amores de una noche y se descostillaba de risa sin ser secundado. El Pelado Xuriquen había tenido una infancia difícil y una vida espantosa. Reclamaba a gritos atención como un niño con padre como sujeto tácito. Lo vetaron de todas las milongas. Solo y triste se extinguió. Cuantas personas hay en este mundo que hacen lo imposible para que los quieran, quizá con los únicos medios que poseen y al final, se van al otro barrio a ver si los tratan mejor?

Tengamos compasión con los disminuidos humorísticos y cada tanto hagamos que sus chistes sin gracia tenga alguna posibilidad de germinar una sonrisa en nuestros implacables corazones acostumbrados al humor de Noah Chomsky. Riamosle alguna gracia al humorista chusco. Pero no todas, o ya no habrá forma ninguna de alejarlo de nuestra falsa felicidad.

Mi profesion de fe es la escritura y la erudicion que dan las horas bien vividas. Leo mucho, escribo mucho, bailo mucho. hace mucho tiempo estudie ciencias de la comunicacion, leí hasta siete libros en una semana, vi muchas peliculas y leí mucho comic. Allende el mar aprendi a bailar y a estar en las milongas. Hoy, corregido y aumentado, vuelco lo que se en este humilde blog. Y lo que no se, lo recreo para que se diviertan aquellos a los que el dia dejó de lado.

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