LOS GONZOS Y LAS SOBRAS (T.V. EN “EL ORIENTAL” ) – Por Catulo Bernal

LOS GONZOS Y LAS SOBRAS (T.V. EN “EL ORIENTAL” ) – Por Catulo Bernal

 

Piton Pipeta entro al bar roñoso entusiasmado al punto de iluminar con sus ojos de mistico la alicai­da vitrina donde se acumulaban como morsas al sol milanesas para turistas demasiado bronceadas. “Van, vann…van a hacer un programa de television con Una artista”  Parecia un chico que intenta imponer su  voz ante la indiferencia de los adultos “Me, me pidieron ayuda, me, me preguntaron por milongas y gentes para entrevistar y los mande al Oriental” dijo por fin animandose incluso a pedir una media luna con jamón y queso. “Quieren entrevistar a milongueros de verdad, nada de circo” dijo ultimando el cuernito.  Pero la Milonga del Oriental no era lo mismo desde que volvimos del Festival tango Divino. Trenes turí­sticos inquietaban las pistas hasta la medianoche. Un cubo de pantallas sobre el poste central difundi­a el baile de los eximios y anunciaba tandas y visitas como el panel de una terminal de Omnibus. Hasta las doce la pista estaba copada por taxitangos y decoradores de pasos que se iban con el ultimo tren, llevándose las delicias de la parrilla en viandas plásticas. Así­ y todo era viernes y somos gente de habito. Asi que fuimos, con nuestras mejores ropas desparejas a sabiendas : moño de lazo, tirantes con la cara de Donato, un circulo oscuro de ansiedad bordeando la mirada para  ocupar nuestra mesa bajo el limonero y sobre el blanco mantel lleno de versos, plastificado por la manager de comida doña Flora, en la vana esperanza de mi futura gloria.  La pista estaba llena: muchos muñecos de cera de 40 clases, algunos novicios, un par de promesas al borde de la caducidad.  En las mesas los nenes del galanteo y algunos perdedores buscando su contagio se repatingaban con sus vinos y su comida viendo el espectáculo de la soberbia o haciendo cita de cena y murmullo para volar temprano . Un par de estudiantes de filosofía esperaban a Diogenes Pelandrun con una copa en la mano. ” Diganos la frase del dí­a maestro, enriquezcanos” imploraban. Pelandrun dijo “Me olvide las pizzetas con sofismas sorpresa y los pensamientos, que tenia atados con una gomita se me quedaron en el bolsillo del otro pantalon”  Como no entendí­an la ironí­a el pensador dijo: “Haganse ver”  su laconica adaptacion del “Conocete a ti mismo” y los mandó a enriquecerse con mas vino. Al  pie del poste central  bajo la iluminacion de las pantallas panorámicas donde se podía seguir la evolución de una pareja bailando Inspiración”  en 360 grados   había un trí­pode con una y un cámara. Casi al borde de la pista otra cortaba casi el carril externo. La tercera estaba plantada sobre el terraplén  como una ametralladora en las pelí­culas de Pekinpah. Los pocos conocidos se movian como podian, incomodos en la pista tomada.

“Si fuera posible cargar de tango verdadero esta cámara les dispararía a todos estos usurpadores una descarga en pleno vientre. Caerían en cámara lenta, y al levantarse se pondrían a bailar desde adentro” Pensé.

Todos corrían para salir en cuadro.

En el cuadrilátero de los “Titanes de la milonga” no habí­a lucha. Gancheador de Once vs. el Sobaquero enmascarado se había transformado en dos parejas correctas bailando correctamente su corrección sin alma.  Deje caer la cabeza y vi que justo encima, en el terraplén habí­an trazado un camino entre cardos y ortigas, la protección natural anti-colados.

Riquelme, vestido de anfitrión amable  respondí­a a las preguntas del equipo. Otros desconocidos, los “famosos milongueros” esperaban para la entrevista. A saber de que asilo de nostalgias los habrí­an sacado.

Pibe Pergamino salio a bailar,   aun cuando las tandas proporcionadas por Demento Dijey no  entusiasmaban. El Indio Martí­n llegó con su caballo desde el confí­n pampeano y sin Laura, la muchacha con la que quise tener algo en tango Divino y se fue con el. No quise preguntar.

“Esto es cartón, y pintura, tan real como un bailarí­n de postre. Hasta el circo mas complejo tiene nostalgia del mono y el payaso” dijo Pelandrun. Nos sentí­amos extraños. Entre el C.I.M (concierto Internacional de Milongas) y la television nos habían robado la autenticidad.  Solo los chorizos,  las asaduras, las abundantes bandejas de papa y milanesa, se vei­an verdaderos.  Pedimos el consabido Chardonay, la ensaladilla rusa con pollo en hebra, la picada con su lago de mayonesa al centro. Pasadas las doce cuando se fue el ultimo tren turí­stico uno del equipo televisivo corto la vía con una baliza señalizadora como si fuera a disuadir a aquellos trenes oscuros que pasaban desde el futuro o el pasado.   Un segundo después, pitando “Tinta roja” un tren pequeño decorado con cartón y corrugado llego desde el otro lado. Fileteado en diseño se leía “El tangueñito” . La Bailarina Vilma Diotudey y su compañero Ruben Cases, se asomaban desde una ventana. Pasaron la rampa de turistas, a pie de parrilla. Era preciso que el tren apareciera desde la bruma choricera y poco iluminada como llegando de post guerra. Las cámaras todas  lo siguieron, atravesando rasantes la pista, los bailantes casi en la misma pose de las fotos de facebock, los pasos sacados de un paquete y ensayados a la mañana.   El conductor ubico la puerta justo en el sendero libre de cardos.   “Invierno” de Canaro se transformo en “Saludos” y la pareja comenzó a bajar por el terraplén. Mire la pista apisonada. Milongueros anónimos se habían dejado la vida en noches y pasos para que esos figurines desplegaran como un ballet erroneo su impostura. Quizá en ese momento todos sentimos que eso era intolerable. A fin de cuentas esa era nuestra milonga, el sitio donde nos sentimos a salvo de la angustia existencial. Hubo un concierto no planeado de miradas, gestos, cabeceos, movimientos. Como criaturas abisales asomando desde un mundo desconocido la aristocracia del compás salió a la pista. Borrones de vida y mugre con su estilo gonzo lleno de tachaduras, con su imperfecto paso y su intimo abrazo, con todos los blasones de la supervivencia  manchados por la sobras de  tantos banqueteos a los que no habían sido invitados comenzo a cadenciar en forcejeo. Los perfectos se vieron abrumados, sumergidos, devorados por la pista anonima y  sin espacio para la coreografia. Disgustado el productor hizo una seña, un retroceso. “Paren la ronda, Paren!”grito. Vilma  lo vio y perdiendo la gracia con la que bajaba, ofendida por los nulos modales y códigos del productor comenzó un retroceso en subida hasta el tren. Al volver el taco derecho se torció y lo siguió el izquierdo. Manoteo desesperada a su pareja, arrastrándolo en un alud humano . Fue tan rápido que solo Pelandrun se movió para poner a resguardo su copa. Levantamos a Vilma como pudimos pero el daño ya estaba hecho: El tobillo derecho se le habí­a torcido y no podía pisar.  Hubo corridas, carreras, desmontado  de equipo, lamentaciones.  Vilma le reprochaba llorando al productor :Como vas a parar la tanda, como vas a parar la tanda?.  El tipo se agarraba la cabeza “Pero pedimos permiso. Pedimos permiso al C.I.M” .”Que C.I.M. Ni que CIM!. no le pediste permiso al tango pelotudo!” gritó  la bailarina.  Se había prestado honestamente a un desatino y estaría sin bailar, por lo menos un mes. Llevaron el tren a la rampa y por allí ­ la subieron, junto con los equipos.  Riquelme iba y venia al igual que Pipeta, con una botella de wisky en la mano y tan inútil como los dioses vikingos cuando la ramita de muerdago atravesó a Balder.  El tren arrancó, Una sacudida fuerte hizo caer   el armazon de corrugado. Piton Pipeta se dolí­a diciendo “Tantas gestiones y ni las gracias me dieron” Se las hubieran dado si la grabacion del programa se hubiera realizado sin contratiempos? Creo que no. El tiempo del artista siempre es valioso a diferencia del de los comunes, que deben contribuir desinteresadamente a la gloria que no se han ganado por anodinos y molestos.   En las pantallas de cubo donde la misma pareja eternizaba la cumparsita en tetravision un gracioso colgó el momento de la caída, grabado por su móvil. Mientras el tango y el cansancio volvían a la pista algunos elementos de bien lo interceptaron y le tiraron el móvil a  la sanja.

El caballo del Indio le dedico al armazon abandonado con su fileteado en xerografia un potente chorro de orina.

Imagen de perfil de juan ignacio Arias
Mi profesion de fe es la escritura y la erudicion que dan las horas bien vividas. Leo mucho, escribo mucho, bailo mucho. hace mucho tiempo estudie ciencias de la comunicacion, leí hasta siete libros en una semana, vi muchas peliculas y leí mucho comic. Allende el mar aprendi a bailar y a estar en las milongas. Hoy, corregido y aumentado, vuelco lo que se en este humilde blog. Y lo que no se, lo recreo para que se diviertan aquellos a los que el dia dejó de lado.

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