«Milongas Barbaras» – Comentarios de libros por A. Gurrietes Borges

«Milongas Barbaras» – Comentarios de libros por A. Gurrietes Borges
marzo 13, 2019 juan ignacio Arias

Debemos reconocerle a Editorial «El Croto»  la voluntad y el empeño que pone en transformar obras bizarras y acercarlas al gran publico. En esta ocasión han decidido invertir en lo que llaman «Linea Maginot  donde pretenden reeditar curiosos volúmenes que el tiempo, la moda y el buen gusto  dejaron de lado. Tal es el caso de este»Milongas Barbaras» que firma German Brautz.

Conviene detenerse en su biografía.  Todo parece indicar que adhería ideológicante  al movimiento Nacionalsocialista, a pesar de haber nacido en Santiago del Estero alrededor del 1890. Marchó  a Bahía Blanca en los años 10  y pasaría 15 años en Buenos Aires, ciudad donde se radico esperando un vano a un amigo que habría de llevarlo a su destino. En algun momento de la espera entró en las fuerzas de seguridad del estado, por su callada forma de cumplir ordenes sin cuestionarlas. Sin artes para las pesquisas, la investigación o el combate cuerpo a cuerpo con elementos peligrosos, se lo destina como agente encubierto para que haga un relevamiento de «Sujetos inestables, anarquistas, asesinos y ladrones en los bailongos tangueros y lupanares  de la Capital, pues es bien sabido que esa canalla vive alejada de la urbanidad y la decencia, delinquiendo por las tardes y bailando ese tango pecaminoso mientras se emborrachan y se dan al vicio por las noches» Según hace constar el Comisario Justo Ch. Abacano en su «Calendario bonaerense  de criminalidad con expectativas 1915» haciendo eco en una creencia común y difundida entre las vareadores de minué y otras castas dominantes  de la época que atribuyen todos los males de la sociedad a la inmigración descontrolada, las clases bajas y al tango, Tópicos ampliamente superados en lo que respecta al tango.

Brautz cumple rigurosamente las ordenes que le son impuestas asentando en este curioso volumen reeditado por «El Croto» las impresiones y el clima de esas milongas primigenias en donde se hicieron los mejores bailarines y la bohemia gestaba sus excesos esperando la redención venida de los salones parisinos. Con dotes naturales para el disfraz esperpentico, el autor supo pasar advertido  y divertir en todos lados a tal punto que los dueños de salones, macros y administradores de bailongos ilegales  le enviaban falsos confidentes y le montaban milongas por encargo, un pasatiempo que se puso de moda durante los años que  paso de conocido agente encubierto  hasta que lo echaron del cuerpo policial por desvío  de botines requisados para sufragar sus extravagantes atuendos y mascaradas. Hombre a contramano de la época los dos seudo-historiadores inventados para el prologo de la nueva edición  sostienen que terminada la segunda guerra mundial se radicó en Baviera, haciendo el camino inverso a muchos jerarcas Nazis que terminaron sus días en Argentina.

Reproducimos aquí algunos párrafos del libro de  Brautz, que a punto estuvo de llevarse a la pantalla grande de la mano de Jorgito Frissi, alumno de Hugo Fregonese.   La Edición refleja sin corregir la sintaxis y la ortografía anómala de Brautz.  Es notorio como pasa del lenguaje culto a la absoluta ignorancia entre un párrafo y el siguiente. Según los mismos seudo historiadores se trataría de sífilis, demencia temprana o el retoque de un colaborador desconocido. Notese también la curiosa forma que tiene de referirse a los nativos, los inmigrantes, los indios y todo lo que no sea el mismo.

4 de marzo  –  Milonga El Ñato.

Advertido por mi fiel confidente «mortadela» recale en este infecto tugurio disfrazado de Justo Jose de Urquiza, caudillo provincial y padre de in numera progenie. A mano derecha y cerca de la barra hay estantes donde la concurrencia deja la artillería – incluidos cuchillos, cachiporras, trabucos y cartuchos detonantes – y  unas palanganas donde los bailarines mas exaxerbados se limpian los pieses. Con esos destilados y alcohol de quemar los pulperos bárbaros hacen menjunjes nergizantes que venden a los más exaltados, que al ingerirlos entran en trance diabólico y ponen a danzar sin parar mientes en sus vergüenzas ni pudores, llegando incluso en el furor mas sesual a satifacer su instintos en medio de la ronda. He visto Rusos, persas y diaguitas pobres soasándose en sus propios jugos carnales alli mismo o si son gente de linaje y buen pasar en reservados lejanos a la pista. Sin contar los entremedios de cortina,  en mediaciones de los sanitarios. En ese estasis son frecuentes los tumultos, peleas y defunciones.  Con mis propios ojos vi como ensartaban o hachaban a algunos infelices y era tal el poder de ese energético y el que la música diabólica del tango ejerce en ellos que a los que pensaba ya difuntos los vi otra vez en la pista, sin que les hubieran afectado las numerosas heridas. Videntemente se trata de casos de muerte retrasada. Los finados no saben que se han extinguido hasta que llega el otro día o la orquesta de músicos miserables deja de tocar sus roñosos instrumentos.  Al salir a bailar con una bárbara he notado en todo momento como me pellizcaban los brazos y las orejas. De natural pacifico no quise enfrentarme con mis atormentadore, para no dilatar mi identidad secreta. Cuando lo comente a mi compañera solo agrego con voz metida en el vino: Es una milonga de muchas pulgas» Anoté el nombre de muchos sospechosos en mi libreta pero de un pechazo bailando «La Morocha» me la robaron.

23 de Abril – Milonga la Cajeta.

Mi confidente «Caracú» me había hablado de este reducto al que se accede por unas escaleras que salen al costado de un ciego que vende diarios y reparte panfletos anarquistas. Pasamos  por un pasadizo humedo donde nos topamos con algunos marineros transportando lo que a mis asombrados ojos parecía un monstruo abisal. Mas atrás venia otro contingente de piratas cargando un hombre desmesuradamente gordo. «Esta noche hay guiso bueno» nos dijeron, sin saber a cual de los monstruos se referían. Sospecho que el gordo es el jefe de todas las pandillas y delincuentes organizados de la ciudad porque mi confidente se arrodillo en tierra, forzándome a que hiciera lo mismo. Se ve que le cai bien porque se limpió los piese con gran gusto en mi disfraz y mi persona. Al llegar a una puerta golpeamos la contraseña – los primeros compases del tango «El Entreriano»- y  se nos franqueo la entrada a un gran salón luminado con candiles de kerosen y candelabros  con el  pentagrama que usan estos bárbaros alcolitos de la brujeria y el mansonismo. Al lado de unos tablones con mugre unas viejas revolvían una bazofia olorosa que no podia ser relleno de empanadas. Una fila de comensales comía directamente del cucharon que ofrecían aquellas brujas saltando luego como esos rusos negros de África que le dicen güatusis. En el salón los bailarines se contorsionaban horriblemente alrededor de una pila de colchones mugrosos puestos en el centro. Viendo que los Rusos tumefactos y corta cuellos no habían aun llegado al deliriun tremen  cataretistico que les da después de bailar en horas mas tardías, le pregunte a la muchacha con la que salí a bailar y que me parecía conocida para que era.  Me señalo una claraboya a media altura donde se veía como una luna roja. Cosa que me parecio portentosa dado que estábamos a muchos metros bajo el nivel del suelo. Pero en ese tonces  vi con mis propios sojos como una pareja bajaba montada en una escoba de cerdas. «Ya van llegando al Aquiladre. El maistro estará contento» dijo mi compañera,  señalándome a uno sentado con una mascara de burro en la cara vestido solo con tiradores y una gayina. Debajo del disfraz de gondolero veneciano me entró un sudor frío. Cuando sonaron los primeros compases del tango «eche veinte centavos en la ranura» todos comenzaron a aligerarse  de ropas bailando en cueros tal y como el diablo los trajo al mundo y sin sacarse los zapatos.  Yo tuve que proceder. Las mujeres, que se veían donosas vestidas presentaban los senos con bigotes y el aparato sesual con barba. Los hombres en tanto cubrían su órgano con bonete con estraños signos. Por preservar el bonete bailaban todos el estilo que le dicen caniengue(canyengue) Al verme sin bonete todos dijeron»Este no es de los nuestros» y avanzaban gritando maldicione.  Huí como pude, sin ropas y sin sospechosos llegando como pude a la comesaria, donde me dejaron detenido hasta que pude revelar  mi identidad inconita. «Caracu» no volvió a aparecer por el barrio. Temo que lo hayan metido en el banquete.

16 de Mayo – Milonga el Cuchipaso.

Luego de tomar unos anisados en el bar Gaboto  donde quedé con mi confidente «trapo e piso» nos fuimos llendo por los callejones siniestros de un barrio que no conocía y que los mal-vivientes llaman «Villa Carnaza» Niños embrutecidos por el opio y ancianos con los pecados marcados en la cara nos pedían dinero para vicio y placere. Unas viejas espantosas  se prostituyen para comprar pan y la revista «Caras y caretas» En las esquinas parejas de tobas y polacos aprenden pasos al costado de tachos donde asan alimañas mientras se embrutecen tomando directamente de un pellejo de cuero con licor avinagrado. Temí por mi vida cuando atravesamos su camino con mi disfraz de Julio Cesar. Por suerte se les rompió el pellejo y el vino saliendo en cascada fue a parar a la sanja. Aquellos miserables se echaron como porcinos manoteando por su parte del brebaje. Un niño bien que pasaba quiso prenderse al banquete. Pronto se lo llevaron a un callejón. Nos apuramos al oír sus gritos.

La milonga estaba detrás de una puerta mal hecha con tablones de un  cajón de muerto. La concurrencia, como todas las que frecuento en mi atividad clandestina, ya comienza a parecerme muy familiar. Incluso cuando salgo a bailar con mis reducidas habilidades, siempre parece contestarme la misma muchacha. Pero su nombre y su voz, aguardentosa  es distinta cada vez. Seran imaginancias mias. En cada mesa hay botellas de vino acumuladas al costado de un plano que sujetos patibularios marcan con tinta roja. Los planos dicen «mansión Lagasca» «Comesaria» o «Banco de crédito Saul» Acercándome más pude ver también una lista de crestianos, diaguitas y rusos que los brutos malvivientes marcan a su antojo asegun hayan bailado bien o mal, con una cruz, lo que me hace suponer que serán vitimas cuando el golpe se haga efetivo o cuando termine el bailongo. Nos toco compartir una mesa con dos rufianes gigantescos que se creyeron en la obligación de sacarme a bailar, quizá por la toga romana. Al volver a la mesa pudimos ver a un bailarín que se floreaba con un estilo que alternaba ligereza y lentitud. A mi modo de ver bailaba bien. – Quien es ese? le pregunte al malandrín mas cercano. «Ese es el finado Guiraldes, el escritor.» Quise saber porque le decían finado.

«Por esto» dijo el rufián y desenfundando un trabuco a kerosen le descerrajo un tiro dándolo por muerto ahí nomas. La concurrencia huyo a la desbandada pero insurreccionados hacia mi humilde persona, Me dieron con todo y creo que perdí el sentido. Cuando desperté con la toga destrozada hasta el muerto se había ido.

«Trapo e piso» Tampoco me espero»

Hasta aqui las palabras del bueno de Brautz. En sucesivas milongas lo hacen besar el cadaver putrefacto de Guiraldes, que vuelve a la vida milagrosamente provocando la desbandada del credulo Brautz.  Asistimos a su completa inoperancia para entender lo que lo rodea. El algun pasaje asienta que hay una cámara de cinematógrafo aunque el no ve actores. Si llega a descubrirse alguna primitiva película muda sobre tango, seguramente nos reiremos mucho y puede ser que hasta veamos a este desventurado escritor y policía que los delirantes responsables de editorial «El Croto» ponen a nuestro alcance.

Porque hay loco para todo.

Mi profesion de fe es la escritura y la erudicion que dan las horas bien vividas. Leo mucho, escribo mucho, bailo mucho. hace mucho tiempo estudie ciencias de la comunicacion, leí hasta siete libros en una semana, vi muchas peliculas y leí mucho comic. Allende el mar aprendi a bailar y a estar en las milongas. Hoy, corregido y aumentado, vuelco lo que se en este humilde blog. Y lo que no se, lo recreo para que se diviertan aquellos a los que el dia dejó de lado.

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