UNA HISTORIA TENEBROSA

UNA HISTORIA TENEBROSA

Los milongueros son  hombres o mujeres curtidos en la incredulidad cotidiana. Y aunque profesan el descreimiento,  aquellos que frecuentan nuestros bailongos  se muestran  a veces indulgentes si se trata de  menesteres sobrenaturales, al punto de confiar en los poderes de un pedazo de papel mal dibujado con la estampa de un borracho,  que a modo de amuleto  y salvación esgrimen para salvaguarda de sus piernas. O un  papel que los habilita como bailarines expertos, solo por haber tomado y pagado algunas clases con alguien de renombre. Como no van a creer en el azar si algunos  hipotecan su vida en la noche  y ruegan en secreto  la obtención de un paso original y distinto traído por la marea del sueño, que los lleve de gira por países sin tango, rezandole a los dioses bailarines por huesos duraderos y alumnado? Como no  van a creer  en sucesos inexplicables cuando la milonga y sus aledaños se alimentan de  leyenda y la difunden a través de  seres mas inverosímiles de aquello que cuentan?

Ramiro Ayala es un bailarín desconcertante. No destaca, pero en ocasiones salen de sus pies destellos de grandeza. Cuando le reprochan su baile indolente. Ramiro cuenta una historia que cambia  según el auditorio. Volvía de la milonga “De Cachi Bache” sin gloria, con algo de alcohol y  muchas penas. La mirada baja, los pies mal encajados en los zapatos de baile. La frustracion en pecho.   Los andurriales por los que andaba luego de acompañar a una muchacha con la que se hizo el profesor  y extraviarse,  pensando equivocado que esa noche quedaba en casa ajena eran del tipo “Ay mamita querida”. Callejas  malolientes  con arboles antiguos a los lados. Casas ennegrecidas por el hollín. Persianas de madera y cordel cerradas y aseguradas con amuletos: cabezas de muñecos  achatados por la intemperie, hebras de lana colgando invocaciones  de las verjas. Alguna caja con maíz y otros objetos apilados en el  umbral de algún linaje  maldecido.  Un farol por cuadra y alguno con ofrenda floral que ni los perros  meaban.  Fue en un callejón con olor a moho cuando escucho una voz muy clara en el oído, que le decía  ASHALA, ASHALA. Era como si el aire mismo vibrara en una exhalación particular y sin concurso humano. En la quietud nocturnal, sin otro sonido que sus zapatos y el persistente eco  que repetía su apellido Ramiro apresuro el paso  en busca de un taxi o  un bar. Serian las cuatro de la mañana. Ningún vecino abría  la ventana para quejarse  por los ruidosos tacos franceses.. Era como si estuviera perdido en una salina  con esa voz demente venida de la nada. Paranoico desemboco de pronto en una plazoleta con cuatro álamos muy blancos al extremo,   una farola  con el cristal roto y el filamento iluminando imposiblemente carteles de personas extraviadas.  Un grifo mitológico y cotidiano tiraba a la noche un chorro de agua  mojando una glorieta azulejada con faunos y con ninfas. Estatuas de ángeles convertidas en Gárgolas por la inclemencia lo miraban  bajo la cruz de una iglesia que en su decrepitud amenazaba al cielo como un gusano ciego. Lejos de la luz  y la luna una figura se recostaba contra el respaldo de un banco de piedra  que bien podía ser mármol. Ayala quiso creer  que “Aquello” era una mujer. Llevaba zapatos de taco aguja con punta de chapa negra adornadas con  borlas, un sombrero de ala ancha que era como las alas sucias de un demonio y un cuaderno amarillo muy tachado en el que escribía musitando  un vals y  haciendo con las piernas el mismo movimiento con el que algunas muchachas de la milonga entretienen su tedio plasmando adornos para que las saquen.  Ramiro  se detuvo. Hasta la fuente hizo silencio. Dos perros, uno negro y uno blanco interrumpían el chorro a lametazos.   El hálito resonó en toda la placeta. ASHALA, SACALA. El sombrero se elevo. Quien fuera lo miraba. Ramiro, cabeceante compulsivo y tenaz reaccionó por costumbre y se arrepintió en el acto . La forma aquella dejo el cuaderno y el sombrero y avanzó  con sus gasas flotando en el aire, los brazos  enfundados en guantes de encaje.  Era hermosa.  Los cabellos  se movían a destiempo fundiéndose en la noche.   Ayala levantó la mano izquierda y formo el abrazo, subyugado  La mano era fría y el pecho de ella palpitaba con el temblor del hielo fragmentado. Al sonar los primeros compases de “Remembranzas” interpretado a dúo por los perros, Ramiro sintió que el cuerpo buscaba al cuerpo atraído y excitado. La cadencia, la frustracion y todo el tango que tenia acumulado se le fueron a la sangre.  Ansioso choco a la mujer dos veces con las piernas. Los labios rozaban desesperados la piel y la oreja.  Ella  retiro brusca la mano y se alejo enojada. Los perros dejaron de cantar.  Ayala quedo parado cubriendo su excitacion  en pose procer. Sonó una voz. Donde estaba el perro blanco  cantarín había ahora un tipo con un traje entallado que era cielo y sol.

AYALA. AYALA. LLEVA BAILANDO EN LA MILONGA TANTOS AÑOS QUE SE OLVIDO DE BAILAR. MI AMIGA ESPERABA UN BAILARÍN  DE VERDAD. PERO ASÍ NO. ASÍ NO, MUCHACHO. – la voz y el hombre eran jóvenes y viejos, al mismo tiempo.

– NADIE BAILA BIEN CONMIGO. NADIE PUEDE. TODOS ME ABRAZAN Y PIERDEN EL SENTIDO. ES UNA PENA,  ASHALA, ESPERABA MÁS DE USTED – dijo la sombra. Su voz sonaba como el silbido de la tormenta en las ventanas de una casa vacía. Y en ese momento Ayala  supo que aquella forma deliciosa era la muerte.

AYALA RAMÓN, PIBE. QUERES QUE TE DE CLASES? SER EL MEJOR BAILARÍN DEL MUNDO, HACER QUE EN LOS BAILONGOS LLOREN AL VER TU EXHIBICION? PUEDO DARTE TODO ESO. Y MUCHO MAS – Dijo otra voz retorcida y tentadora. Venia del lugar donde antes estaba el perro negro, Pertenecía a un hombre alto y con un traje entallado que era a la vez brasa y carbón, según se mirara.

Ayala no dijo nada. Tenia el miedo clavado en las costillas. Si la sombra era la muerte. El hombre aquel era el Diablo que avanzaba hacia el con un librito rojo en la mano.

– YA NO LE QUEDA TIEMPO PARA TRATOS, RUDOLFO, ES LA HORA DE LA ULTIMA TANDA. USTED TENDRIA QUE HABERLE PUESTO MAS EMPEÑO, AYALA- acoto el del traje claro.

– LELIO, DEJENMELO UN RATITO QUE LE ENSEÑE. LLEVATELO MÁS TARDE MATILDE – Dijo el diablo.

El ángel  que respondía al nombre de Lelio dijo –  NO LE HAGA CASO AYALA. BAILE OTRA VEZ. PERO CON TODA SU ALMA. TENGA EL VALOR DE DEDICARLE A SU COMPAÑERA UN TANGO INOLVIDABLE. VAYASE CON ESTILO.

En este punto increíble de familiaridad entre el bien el mal y el termino de todo Ayala Comenta:

“Lo que vino después no lo recuerdo. No sé si fue la distracción del carro de un churrero o los tacos franceses de otro Ayala llegando tarde a su ultima tanda. Recupere el control de mi alma y salí corriendo como un loco. Los pelos se me erizaban. Los zapatos me ardían quemandome las plantas. El viento me gritaba. Sentí las alas de la noche rozandome la cara. Corrí. Corrí. Corrí. Al final y casi desmayado llegue a una calle ancha y conocida. Había un boliche con el cartel de cerrado en la puerta, pero con luz en el interior. El dueño hacia las cuentas en una mesa, de cara a la vidriera. Al ver mi cara y mi apuro me abrió la puerta, bajó la cortina metálica y me sirvió dos grapas. No salí de ahí hasta el otro día. Ya no acompaño pibas haciendome el profesor.  Con seguir bailando me conformo. No quiero aprender. No quiero pactos milagrosos con el diablo. Ni la clemencia de los cielos. Con seguir aqui, y bailando me conformo. Pero el cuerpo de ella… esa cara…”

Ayala sale a bailar mediocremente. Mientras el auditorio reparte lo que quedo de la historia y el vino a Ramiro Ayala le salen de repente un par de genialidades imposibles que ningún bailarín hace ni hará.

Y mientras se va el tango, lo que oyen no saben si toda la historia es un invento, una justificacion, el delirio de un borracho.

O Si Ayala está desde hace tiempo condenado, Ha muerto en aquella plaza y su alma vuelve a bailar mal por las milongas para que los eternos principiantes se tomen  en serio el baile.

O la vida, que viene a ser lo mismo.

Mi profesion de fe es la escritura y la erudicion que dan las horas bien vividas. Leo mucho, escribo mucho, bailo mucho. hace mucho tiempo estudie ciencias de la comunicacion, leí hasta siete libros en una semana, vi muchas peliculas y leí mucho comic. Allende el mar aprendi a bailar y a estar en las milongas. Hoy, corregido y aumentado, vuelco lo que se en este humilde blog. Y lo que no se, lo recreo para que se diviertan aquellos a los que el dia dejó de lado.

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